Vincenzo Torriani era el hombre más solicitado de Italia. Entre 1949 y 1992 trabajó como director único organizativo del Giro de Italia. Era Il Patrone, el personaje más deseado en decenas de comarcas del país, que anhelaban que Torriani se pasease por ellas para decidir que la gran carrera ciclista transitase por la zona. Sí eso ocurría habóia una garantía: se asfaltarían y se adecentarían caminos y carreteras. Y si era necesario se abrirían nuevas estradas para que pasase el pelotón.
Pocos hicieron más por el desarrollo de la obra pública en Italia que Torriani. Nada como el Giro para convertir en ejecutivas decisiones que en otros contextos tardarían años.
Pasa el tiempo y algunas cosas cambian poco. Estos días en A Coruña se rescata el espíritu de Torriani. Llega O Gran Camiño, una prueba ciclista que congregará a varias de las estrellas del pelotón en el inicio de la temporada. A Coruña acogerá la etapa inicial, una contrarreloj que transitará por el Paseo Marítimo y Os Rosales, así que Torriani le ha puesto las pilas al Concello y la habitual inacción ante las reclamaciones de los vecinos se ha disipado para proceder a un reasfaltado express de varias calles de la ciudad, no sea que por televisión se vean lo baches. O peor, que algún ciclista de postín meta una rueda en uno de ellos y la ciudad (más bien sus prebostes) queden en evidencia. Las prisas por el ornato incluyen también una limpieza profunda del entorno por el que transitará la carrera, casualmente incluído en un plan anunciado como “Barrio a Barrio” y que se supone que llegará al resto de la ciudad,
Inés Rey sabe mucho de barnices porque ya los aplicó en eventos anteriores como aquella especie de cumbre hispano-germana que acicaló puntualmente Los Cantones o, sin ir muy atras en el tiempo en la última visita de Pedro Sánchez. Así que se le han puesto las pilas a los servicios de mantenimiento y conservación para reponer incluso el adoquinado de la carretera que comunica San Roque con el Portiño.
Pero esta vez Torriani cometió un fallo: muchos coruñeses hubieran agradecido que la contrarreloj pasase por el final de San Andres y la calle del Sol.