La lamentable situación del interior del Palacio de la Ópera no es novedad. Como tampoco lo es el abandono al que están sometidas estas instalaciones desde hace años sin que desde el Concello de A Coruña se haga algo más que mirar hacia otro lado.
Porque lejos de buscarle una solución, las ya tradicionales goteras cada vez que cae algo de lluvia y las humedades de diferentes salas sólo sirven para que Inés Rey se lave las manos tras la aparición de un nuevo incidente: los robos en los camerinos.
La inseguridad es uno de los grandes problemas de la ciudad herculina en los últimos tiempos. En las calles y también en los interiores a la mínima que los cacos localizan un punto débil. Y un edificio sin vigilancia en el que se puede entrar y salir a gusto del consumir – de lo ajeno – es una presa fácil.
Esta semana, músicos de la Orquesta Sinfónica de Galicia y el Coro Joven denunciaron el robo de carteras y móviles en los camerinos mientras ofrecían conciertos a grupos escolares.
Como es habitual, desde el BNG simulan estar muy enfadados con el gobierno al que sostienen reclamando un servicio de seguridad y vigilancia que no existe desde la pandemia. Como tampoco existe ya la figura del conserje. Las cámaras de seguridad no funcionan en una situación de «desastre» ante la que Inés Rey tiene clara la respuesta: a mí no me mires. La alcaldesa señala a la empresa concesionaria, a la que pide que contrate servicio de vigilancia.
Por su parte, desde el Partido Popular denuncian el desprecio que desde el ejecutivo local se le hace a la Orquesta Sinfónica de Galicia: «Una de las mejores de Europa. Sin embargo, Inés Rey está empeñada en condenarla al más absoluto abandono».